Recuerdos a la expedición desde el Centro del Polo Sur

Una crónica de Carlos Pobes, científico español y residente de la Base Amundsen-Scott, 31 de enero de 2012

No somos pocos los científicos apasionados por el mundo de la Naturaleza y la Aventura y viceversa, los aventureros con gran interés por las cuestiones científicas. Supongo que no es casualidad, creo que todo tiene que ver al fin y al cabo con buscar y disfrutar la Belleza, la belleza del mundo que nos rodea, ya sea descubriendo el orden que se esconde en el aparente caos gracias a la Ciencia, o descubriendo lugares inexplorados en nuestro Planeta. Ambos casos implican explorar. Explorar el mundo, pero también nuestros propios límites, intelectuales o físicos.

Carlos Pobes con la Expedición Acciona Antártica

Si hay un lugar en el que esos dos ámbitos se dan la mano de manera única, ése es la Antártida, el continente de la Aventura y la Ciencia por excelencia. Sus condiciones extremas lo hacen muy atractivo para aventureros de todo el mundo, no en vano ha sido escenario de alguno de los capítulos mas sobrecogedores de la historia de la exploración. Pero además, su carácter todavía casi virgen y su especial ubicación lo hacen ideal para el estudio científico en temas tan actuales como el cambio climático o menos conocidos como la física de neutrinos.

Es precisamente en este ámbito, el de los neutrinos, en el que encontré la oportunidad de mi vida, un puesto como científico en el telescopio de neutrinos IceCube para pasar todo un año en la base americana Amundsen-Scott en el mismísimo Polo Sur. Creo que alguna vez había bromeado con la posibilidad de venir a trabajar aquí. Bromeado, porque nunca había considerado que tuviera ninguna opción de conseguirlo. Y desde luego, el lugar y el trabajo han colmado de largo mis expectativas, pero lo que no podía imaginar es que gracias a él iba a poder conocer la gente excepcional que he conocido. En particular, un poco después de Año Nuevo, recibí una extraordinaria sorpresa con la visita de la expedición ACCIONA de Ramón Larramendi, Ignacio Oficialdegui, Juan Pablo Albar y Javier Selva.

Os podéis imaginar mi alegría y el honor que supuso ejercer de anfitrión, enseñarles la base y hablarles de nuestro experimento de neutrinos, de los que últimamente sí que se ha oído hablar un poco más desde que parecen querer desafiar a Einstein. Pero sobre todo, me sentí un privilegiado por poder conocer de primera mano los entresijos de esta expedición, sus objetivos y filosofía. Quedé maravillado con el concepto del catamarán polar y la posibilidad de realizar campañas científicas con él. ¡Ésta si que era una expedición que combina el aspecto científico y aventurero a la perfección! Toda la base quedo impresionada con la sencillez y eficacia del ingenio. Al día siguiente de la visita, lo que para nuestros amigos fue una desfavorable jornada sin viento, para nosotros fue la oportunidad de disfrutar un poco más de su presencia y contagiarnos con la pasión con la que nos hablaban de su viaje.

Parece increíble que un sistema tan sencillo, barato y ecológico esté batiendo todos los records de desplazamiento por el continente. Y hay que recordar que han estado recogiendo muestras de nieve para poder realizar estudios científicos y llevaban mas peso del necesario para demostrar que el vehículo es capaz de transportar equipos pesados. En definitiva, una maravilla. Al día siguiente me levanté temprano para poder enviar con nuestro satélite algunos de los videos que la expedición había tomado durante el viaje. Me entristeció mirar por la ventana y ver que el catamarán ya no estaba, pero unos minutos después descubrí un puntito que se movía, y acto seguido la cometa, ¡eran ellos! Durante un buen rato estuve siguiéndolos y viéndoles surcar el océano helado que brillaba a esas horas de manera especial. Después de desayunar volví a mirar desde nuestra terraza, y vi algo sencillamente espectacular, la cometa del catamarán bailando con el viento, pero el vehículo de mando oculto por la curvatura terrestre! Es una imagen que no se me va a olvidar jamás.

Y ahora que el catamarán polar esta de vuelta en casa, creo que puede afirmarse que la expedición ha sido un éxito en todos los sentidos. Por eso quería desde aquí, en mi nombre, pero también en el de toda la base, darles la enhorabuena a este equipo humano sensacional y a ACCIONA por apoyar este proyecto.

Ramón, Ignacio, Juan Pablo, Javier muchas gracias por dejarnos ser participes de este momento histórico, pero sobre todo, por vuestra sencillez y vuestra pasión, que han dejado huella en todos nosotros. Unas huellas, que a diferencia de las dejadas en la nieve por vuestro catamarán polar, no se borrarán nunca.

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